La fiesta
No miento si digo que todos hemos estado en una fiesta: en unas, no retiramos felices, contentos y satisfechos; en otras, no tanto, porque hay algo que nos disguste o porque se sale de la norma. Por ejemplo, recuerdo que en Matamoros asistí a una fiesta familiar, se contrató salón y, entiéndase, la comida: sirvieron asado de puerco, imaginen, con pan… la anfitriona estaba muy enojada, molesta, y nosotros, los invitados, pues no aguantamos, pero no disfrutamos la comida.
Siempre he dicho que la fiesta de aniversario de El Roble, el 25 de febrero, es como una fiesta familiar: en principio porque se ve, se nota, el entusiasmo de sus habitantes, muy colaboradores, pero sobre todo, porque es la oportunidad para que se reúnan familiares, aquellos que viven en otros lugares, pero también para que vecinos de otros ejidos y comunidades asistan, compartan el entusiasmo, la alegría porque todo es fiesta que culmina con un majestuoso baile: en esta ocasión fue amenizado, entre otros, por el grupo Tropical Panamá.
REENCUENTRO.
Desde que me case, ahí, no he faltado a sus fiestas. Así, soy testigo, de los reencuentros familiares. Son casi una obligación y en esta ocasión puedo señalar varios, pero especialmente dos: llegué a la ceremonia cívica y me saluda una mujer, diciéndome: buenos días maestro y ya en la plática, resulta que le di clases en un diplomado de derecho electoral, de cuando Miguel Lirach Gómez era el responsable del órgano electoral. Resulta que es vecina, ahí en el Roble, vive en otra ciudad y año tras año viene con sus familiares, únicamente a disfrutar del aniversario, de la fiesta.
En la ceremonia cívica tuve otro reencuentro, de esos que animan la vida, porque son parte de nuestra vida profesional: antes de inaugura el Museo, de lejos me saluda un profesor, que fue excelente maestro de ceremonias. Se acerca y al saludarme me dice: ¿No se acuerda de mí? Resulta que fue mi alumno en Relaciones Publicas, egreso en 1996 y se fue a trabajar a Jaumave, ahora está ahí en El Roble, en la telesecundaria.
ES EL TROPICAL PANAMA.
Estoy convencido: en los ejidos casi todos tienen alguna relación familiar. Por eso no me sorprende que, de pronto, alguien saluda a mi esposa (o a mi) con la expresión: ¿Cómo estas prima o primo? Unos de pronto no los reconozco, porque no viven en el ejido, están en Monterrey, en Matamoros o incluso en el otro lado. Pues una de esas primas, se acercó a saludarnos, emocionada nos dijo: sigue Panamá, Panamá, entiéndase el grupo musical, y luego nos explica: regreso, voy a ver dónde nos hospedamos, a buscar pues donde quedarse.
Y efectivamente, la sensación del baile fue el Grupo Tropical Panamá: hasta vendían playeras y cachuchas, de promoción. En los bailes siempre, al menos en los ejidos, el éxito es el grupo musical. Por años, el baile fue amenizado por el Tropical Caribe, que lo contrataba Sergio Lara, el presidente de festejos. Pero eso fue hace muchos años, música de cumbias; pero también son un éxito los huapangos y para eso, en una época, los buenos eran los Hechiceros de Linares, claro sin dejar de mencionar a los grupos que se caracterizan por ser norteños o rancheros: allá por los noventa, Los Hermanos Gómez, era el grupo que pegaba.
MEGA FIESTA.
Por un poco más de 40 años he sido fiel testigo de las fiestas de aniversario de El Roble. Por eso, puedo afirmar que la de ayer fue una extraordinaria. Les cuento que, a la hora del desfile, me fui con Felipe Martínez Chávez (colega periodista) a un punto para observar el desfile. Estando en el lugar, llegó una señora con su hijo, iban en una camioneta de esas 4 x 4, y le dije, se puede estacionar aquí (le señaló el lugar) y nos subimos para observar mejor y tomar fotografías. Nos contó, que es de la Aurora, un ejido cerca de ahí y que tiene más de 20 años que no se pierde las fiestas de El Roble: en el baile, los volví a saludar.
Fue una fiesta extraordinaria por el número de personas que asiste: y eso esta ocasión provoco problemas viales: para empezar, desde la entrada al ejido hasta la plaza, los costados de la calle se cubrieron de coches estacionados, y como siempre hay, aparecieron los gandallas: se estacionaron en el centro de la calle, no había forma de salir ni de entrar… tuvieron que vocear y para que quitaran las camionetas que obstruían el tráfico.
Parafraseando a Gardel: 100 años no son nada.
Melitón Guevara Castillo
Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).
Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).
Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.
Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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