El Anzuelo...
Magda: ¿Otra vez vas a traicionar? ¡No tiene llenadera!
por El Fisgón
Por: Juan Sánchez-Mendoza
El protagonismo es característica inherente de los
sujetos obsesionados en mostrarse como las personas más calificadas y
necesarias para desempeñar cierta actividad --independientemente de que posean
o no méritos que así lo justifiquen--, y esa misma actitud protagónica los hace
sentirse dueños absolutos de la verdad.
Pero el protagonismo también es una enfermedad que
padecen los que no pueden ni quieren reconocer más talento que el suyo, por
estar casados con su misma persona y enamorados, hasta el paroxismo, de sus
atributos y cualidades.
Hago esta referencia porque cuando un ser
protagónico está cierto de que la posición anhelada no le será concedida padece
una doble crisis moral, pues mientras sopesa irse a la oposición o abandonar
por completo su carrera política (como militante efectivo de algún partido)
para refugiarse en el ostracismo, se plantea a sí mismo la oportunidad de
sabotear a quienes cree enemigos, por el simple hecho de que estos se niegan a
secundarlo en la satisfacción de su voracidad.
Un claro ejemplo lo podemos observar en las filas
del Partido Revolucionario Institucional (PRI), donde muchos aspirantes a las
candidaturas a diputados locales y alcaldes se creen con méritos suficientes
para adjudicarse los primeros lugares en el rol que ya elabora Ramiro Ramos
Salinas.
Otros le apuestan a la imposición, y algunos más
son los que empujan y pujan por rescatar del ostracismo a ciertos emisarios del
pasado, pues en ellos fincan sus anhelos y probabilidades.
De cualquier forma habrá berrinches en cuanto más
cercana esté la fecha de definir las candidaturas.
O sea, a partir de la primera semana de febrero
próximo.
La pepena
Sería indecente, desde cualquier punto de vista,
que en este proceso electoral tres de los siete partidos políticos (con
registro oficial) buscaran complementar las fórmulas de candidatos con la
pepena de priistas resentidos o desplazados por panalistas y ecologistas.
Es decir, con los escurrimientos que pudieran
emanar del tricolor, merced a la frustración de quienes fracasen en su
intentona de lograr las nominaciones codiciadas.
Obviamente hablo de los partidos Movimiento Ciudadano
(MC), del Trabajo (PT) y de la Revolución Democrática (PRD), pues tanto el
Verde Ecologista de México (PVEM) como Nueva Alianza (Panal) juegan a las
pegadas o chaperones del tricolor.
En el caso de quienes usufructúan efectivamente las
dirigencias de estos membretes y hacia el exterior ya ofertan candidaturas, no
podía esperarse menos.
Y no porque bajo su mandato las estructuras de esos
partidos que integran la mentada “chiquillada” han adolecido de trabajo
político y sólo aparecen en la palestra en toda época electoral.
Fuera de esa coyuntura se la pasan en la güeva sin
desarrollar ninguna otra actividad digna de tomarse en cuenta –aunque legal y
moralmente estén obligados a mantener presencia constante con las bases que
dicen representar--, hasta la víspera de otro proceso comicial.
Incluso, mientras llega el momento de animar la
causa ciudadana con el propósito de capitalizar su participación en las urnas,
los jerarcas y los escasas cuadros de esas organizaciones tampoco intentan
arraigarse en el conglomerado social. Duermen el sueño de los benditos. Y si
acaso realizan alguna gestión de beneficio colectivo, es porque los grupos que
se echaron en sus manos los presionan hasta obligarlos a cumplir algo de lo que
tanto prometieron cuando mendigaban su apoyo.
Los trepadores
Algunos de los aspirantes a las candidaturas en
juego, conocen a la perfección la movida a realizar durante la época de
invernadero político.
Acostumbran meter su cuchara en las discusiones de
los temas o problemas en boga y hacer ruido, a fin de proyectar ante la
población una imagen distinta a su verdadero ser. Incluso hasta se muestran
como individuos congruentes, aguerridos y defensores permanentes de las causas
que abanderan.
Por ello no resulta extraño que esa mentada
“chiquillada” exhiba un marcado oportunismo a la hora de presentar trabajo. Es
decir, cuando debe mostrar a propios y extraños sus destacamentos y divisiones
con los que aspiran alcanzar el triunfo electoral en el primer domingo de julio
venidero.
Sus jefes partidistas configuran planes y
estrategias a partir de la fuerza de sus adversarios, cancelando así la
posibilidad de brillar con luz propia y de ampliar el proyecto que defienden
rumbo a la conquista del poder.
Bajo este entendido, tampoco es raro observar cómo
al participar en un proceso electoral los guías partidistas tienden las redes
esperanzados en atrapar peces grandes o pececillos, aunque estos no compartan
su ideología, credo ni modo de hacer política.
De cualquier modo el plan a seguir tiene sustento
en la búsqueda de alianzas interpartidistas. En la pepena. En los
escurrimientos o rémoras que deja el partido grande, y, en menor medida, en la
raquítica fuerza de que tanto hacen gala.
Los “chocolates”
La permanencia de vehículos extranjeros en
territorio nacional no es asunto privativo de Tamaulipas.
Se da en casi todas las entidades del país, aunque
registra mayores índices en los estados fronterizos con la Unión Americana:
Tamaulipas, Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila y Nuevo León.
Refiero lo anterior porque según estimaciones de la
propia Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHyCP), a lo largo y ancho de
la República Mexicana (1’ 972, 547 kilómetros cuadrados) circulan alrededor de
y un millón 750 mil vehículos “chocolates” irregulares (entre camionetas,
camiones y automóviles), y en el caso particular de Tamaulipas, se maneja una
cantidad superior a las 350 mil unidades.
Estas cifras, sin embargo, no han podido
corroborarse porque las autoridades fiscales, como de costumbre, se muestran
indolentes para levantar un censo que nos permita conocer con mayor precisión
de cuántos vehículos irregulares estamos hablando; su procedencia, su verdadera
situación legal, y, por supuesto, en manos de quien están esos automotores que
no han sido decomisados aun cuando su presencia en el país es ilícita.
Lo peor del caso es que la mayor parte de sus
poseedores no sabe manejar y menos conoce el reglamento vial, por lo que
cotidianamente provocan accidentes sangrientos y su chatarra es abandonada en
el lugar de los hechos.
Sé de casos concretos en que conductores de
“chocolates” han atropellado motociclistas y peatones, se han impactado con
casas-habitación y comercios, además de otros vehículos de procedencia nacional
y modelos recientes, y en lugar de responder por su falta de pericia ante el
volante, lo menos que hacen es lloriquear si irresponsabilidad en busca de la
conmiseración humana que los saque del problema en que ellos mismos ocasionaron,
aunque lo más grave es que enseguida de la colisión los poseedores de esos
“chocolates” abandonan la unidad y huyen de la zona para no pagar su delito.
A muchos los puede ver en los estacionamientos de
los centros comerciales, pues suelen circular en sentido contrario, usar los
cajones destinados a los minusválidos y mujeres embarazadas y barrer con la
mira a los transeúntes que osan cruzarse en su camino.
Sólo los inspectores de Hacienda no los ven. ¿Pa’
no infraccionarlos o, de plano, evitar decomisarles la chatarra que por ley
debe recogérseles por ser evasores fiscales sorprendidos in fraganti?
Em@il: jusam_gg@hotmail.com
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