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por El Fisgón

Hoy es Martes 21 de Mayo del 2013
Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Aspirantes obsesivos

Por: Juan Sánchez-Mendoza

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22/01/2013 | Actualizada a las 22:17h
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo por más de tres décadas; es autor del libro “68. Tiempo de hablar” (que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); Premio Estatal de periodismo en dos ocasiones; escritor de los ensayos “Yo, chavo banda”, “50 años de sucesión presidencial” y “El avance de la ultraderecha en México”; reportero de investigación en medios impresos de comunicación masiva, desarrollando trabajos en toda la República Mexicana, Irlanda, Francia, Inglaterra, España, Estados Unidos, El Salvador, Guatemala, Cuba, Nicaragua, Jamaica y otros países, y desde 1997 radica en Tamaulipas, donde publica la columna “Golpe a golpe”, cuyo título rescata la vieja práctica de que cada letra significa, precisamente, un golpe… y no un impacto físico.


El protagonismo es característica inherente de los sujetos obsesionados en mostrarse como las personas más calificadas y necesarias para desempeñar cierta actividad --independientemente de que posean o no méritos que así lo justifiquen--, y esa misma actitud protagónica los hace sentirse dueños absolutos de la verdad.
 
Pero el protagonismo también es una enfermedad que padecen los que no pueden ni quieren reconocer más talento que el suyo, por estar casados con su misma persona y enamorados, hasta el paroxismo, de sus atributos y cualidades.
 
Hago esta referencia porque cuando un ser protagónico está cierto de que la posición anhelada no le será concedida padece una doble crisis moral, pues mientras sopesa irse a la oposición o abandonar por completo su carrera política (como militante efectivo de algún partido) para refugiarse en el ostracismo, se plantea a sí mismo la oportunidad de sabotear a quienes cree enemigos, por el simple hecho de que estos se niegan a secundarlo en la satisfacción de su voracidad.
 
Un claro ejemplo lo podemos observar en las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), donde muchos aspirantes a las candidaturas a diputados locales y alcaldes se creen con méritos suficientes para adjudicarse los primeros lugares en el rol que ya elabora Ramiro Ramos Salinas.
 
Otros le apuestan a la imposición, y algunos más son los que empujan y pujan por rescatar del ostracismo a ciertos emisarios del pasado, pues en ellos fincan sus anhelos y probabilidades.
 
De cualquier forma habrá berrinches en cuanto más cercana esté la fecha de definir las candidaturas.
 
O sea, a partir de la primera semana de febrero próximo.
 
La pepena
 
Sería indecente, desde cualquier punto de vista, que en este proceso electoral tres de los siete partidos políticos (con registro oficial) buscaran complementar las fórmulas de candidatos con la pepena de priistas resentidos o desplazados por panalistas y ecologistas.
 
Es decir, con los escurrimientos que pudieran emanar del tricolor, merced a la frustración de quienes fracasen en su intentona de lograr las nominaciones codiciadas.
 
Obviamente hablo de los partidos Movimiento Ciudadano (MC), del Trabajo (PT) y de la Revolución Democrática (PRD), pues tanto el Verde Ecologista de México (PVEM) como Nueva Alianza (Panal) juegan a las pegadas o chaperones del tricolor.
 
En el caso de quienes usufructúan efectivamente las dirigencias de estos membretes y hacia el exterior ya ofertan candidaturas, no podía esperarse menos.
 
Y no porque bajo su mandato las estructuras de esos partidos que integran la mentada “chiquillada” han adolecido de trabajo político y sólo aparecen en la palestra en toda época electoral.
 
Fuera de esa coyuntura se la pasan en la güeva sin desarrollar ninguna otra actividad digna de tomarse en cuenta –aunque legal y moralmente estén obligados a mantener presencia constante con las bases que dicen representar--, hasta la víspera de otro proceso comicial.
 
Incluso, mientras llega el momento de animar la causa ciudadana con el propósito de capitalizar su participación en las urnas, los jerarcas y los escasas cuadros de esas organizaciones tampoco intentan arraigarse en el conglomerado social. Duermen el sueño de los benditos. Y si acaso realizan alguna gestión de beneficio colectivo, es porque los grupos que se echaron en sus manos los presionan hasta obligarlos a cumplir algo de lo que tanto prometieron cuando mendigaban su apoyo.
 
Los trepadores
 
Algunos de los aspirantes a las candidaturas en juego, conocen a la perfección la movida a realizar durante la época de invernadero político.
 
Acostumbran meter su cuchara en las discusiones de los temas o problemas en boga y hacer ruido, a fin de proyectar ante la población una imagen distinta a su verdadero ser. Incluso hasta se muestran como individuos congruentes, aguerridos y defensores permanentes de las causas que abanderan.
 
Por ello no resulta extraño que esa mentada “chiquillada” exhiba un marcado oportunismo a la hora de presentar trabajo. Es decir, cuando debe mostrar a propios y extraños sus destacamentos y divisiones con los que aspiran alcanzar el triunfo electoral en el primer domingo de julio venidero.
 
Sus jefes partidistas configuran planes y estrategias a partir de la fuerza de sus adversarios, cancelando así la posibilidad de brillar con luz propia y de ampliar el proyecto que defienden rumbo a la conquista del poder.
 
Bajo este entendido, tampoco es raro observar cómo al participar en un proceso electoral los guías partidistas tienden las redes esperanzados en atrapar peces grandes o pececillos, aunque estos no compartan su ideología, credo ni modo de hacer política.
 
De cualquier modo el plan a seguir tiene sustento en la búsqueda de alianzas interpartidistas. En la pepena. En los escurrimientos o rémoras que deja el partido grande, y, en menor medida, en la raquítica fuerza de que tanto hacen gala.
 
Los “chocolates”
 
La permanencia de vehículos extranjeros en territorio nacional no es asunto privativo de Tamaulipas.
 
Se da en casi todas las entidades del país, aunque registra mayores índices en los estados fronterizos con la Unión Americana: Tamaulipas, Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila y Nuevo León.
 
Refiero lo anterior porque según estimaciones de la propia Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHyCP), a lo largo y ancho de la República Mexicana (1’ 972, 547 kilómetros cuadrados) circulan alrededor de y un millón 750 mil vehículos “chocolates” irregulares (entre camionetas, camiones y automóviles), y en el caso particular de Tamaulipas, se maneja una cantidad superior a las 350 mil unidades.
 
Estas cifras, sin embargo, no han podido corroborarse porque las autoridades fiscales, como de costumbre, se muestran indolentes para levantar un censo que nos permita conocer con mayor precisión de cuántos vehículos irregulares estamos hablando; su procedencia, su verdadera situación legal, y, por supuesto, en manos de quien están esos automotores que no han sido decomisados aun cuando su presencia en el país es ilícita.
 
 Lo peor del caso es que la mayor parte de sus poseedores no sabe manejar y menos conoce el reglamento vial, por lo que cotidianamente provocan accidentes sangrientos y su chatarra es abandonada en el lugar de los hechos.
 
Sé de casos concretos en que conductores de “chocolates” han atropellado motociclistas y peatones, se han impactado con casas-habitación y comercios, además de otros vehículos de procedencia nacional y modelos recientes, y en lugar de responder por su falta de pericia ante el volante, lo menos que hacen es lloriquear si irresponsabilidad en busca de la conmiseración humana que los saque del problema en que ellos mismos ocasionaron, aunque lo más grave es que enseguida de la colisión los poseedores de esos “chocolates” abandonan la unidad y huyen de la zona para no pagar su delito.
 
A muchos los puede ver en los estacionamientos de los centros comerciales, pues suelen circular en sentido contrario, usar los cajones destinados a los minusválidos y mujeres embarazadas y barrer con la mira a los transeúntes que osan cruzarse en su camino.
 
Sólo los inspectores de Hacienda no los ven. ¿Pa’ no infraccionarlos o, de plano, evitar decomisarles la chatarra que por ley debe recogérseles por ser evasores fiscales sorprendidos in fraganti?
 
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