El Anzuelo...
Hay que se marranos, pero no trompudos
por El Fisgón
Por: Javier Rosales Ortiz
En cada
elección local la historia se repite.
Surge
otra vez su nombre y se reviven recuerdos de antaño, como cuando hace nueve
años mordió el polvo frente a Eugenio Hernández Flores, a quien le disputó la
gubernatura de Tamaulipas.
Tal vez
para él ese tiempo que transcurrió no es importante, pero para muchas féminas
victorenses nada le ayuda su actual físico para arrancar un suspiro y menos aun
para conquistar el corazón de las chiquillas casaderas en edad de votar.
Ya no es
aquel hombre entrado en la madurez que, vigoroso, se levantó en armas y colocó
un escudo en las puertas del Palacio del 17 para que se estrellaran las espadas
del enemigo del tercer piso y que usó los más extravagantes instrumentos para
protegerse del supuesto agresor.
No es ya
aquel sujeto que por su carisma desnudaba con una sola mirada y cuya fama
rebasó las fronteras por peculiar he intransigente.
Recuerdo,
bien, a una periodista de una agencia de noticias del D.F. que llego a Ciudad
Victoria para cubrir las elecciones para gobernador en el 2004 y que me pidió
que le presentara a este famoso personaje que necesitaba entrevistar y lo cual
era la parte esencial del material que requería enviar a su medio informativo.
Me dijo,
que entró en conflicto con varias de sus compañeras de la agencia para que la
enviaran a Ciudad Victoria, lo cual logro, porque le impresionaba la fama que
los medios tamaulipecos habían fabricado en torno a las abundantes cualidades
físicas de este político, a quien casi lo ubicaban como “un metrosexual”.
El
acercamiento entre la comunicadora y Gustavo Cárdenas Gutiérrez se concretó y
luego frente a un rico plato de mariscos y una jarra de agua de limón me
confesó que la proyección del candidato era más producto de la ceguera de
algunos periodistas que lo idealizaban, que distaba mucho de la realidad.
Como poco
guapo, cero inteligente y vano y caprichoso calificó esa reportera a Gustavo,
por lo que no se explicaba los motivos por los cuales la población de esta
capital lucía casi embrujada.
Decepcionada,
como se dijo en ese entonces, distrajo mejor su atención hacia Eugenio, de quien consideró que por lo
menos si estaba carita y su oferta como candidato tenía cierta consistencia.
Desconozco
que fue lo que publicó en su medio la comunicadora, pero por su semblante se
apreciaba que no partió plena, satisfecha y si frustrada por que la fama de Gustavo, tejida a
base desde lo más sofisticado, hasta lo callejero por inundar al edificio de la
comuna con gallinas, cerdos y chivas producto de las donaciones populares para
que enfrentara los apuros económicos, no habían impactado en ella.
A sus 54
años de edad Gustavo no ha conservado la galanura y el porte de veteranos como
Andrés García y Juan Ferrara, por el contrario su aspecto actual en nada
contribuye a que pretenda nuevamente a convertirse en el alcalde panista de
Ciudad Victoria.
Es, él,
un experto negociante que está acostumbrado a acalambrar para beneficio propio,
pero tal vez en esta ocasión el producto que ofrece no luce tan atractivo.
Se le
nota abotagado, cansado y a perdido lo carismático.
Y es que el
paso de los años no perdona, no hay vuelta de hoja.
Por lo
que hay peor ciego, que el que no quiere ver.
Correo electrónico:
javo-ortiz@hotmail.com
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