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Sección: Texas / Política

Eleva Mitt Romney a categoría de arte la política del camaleón

Mitt Romney llegó a la política como exitoso empresario de posiciones moderadas

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05/11/2012 | Actualizada a las 13:33h


Washington, (Notimex).- Mitt Romney llegó a la política como exitoso empresario de posiciones moderadas, pero en su viaje a la Casa Blanca recorrió todas las aristas de la geometría ideológica, en un periplo camaleónico que lo ha convertido en una incógnita.
 
Desde los temas sociales -migración, control de armas, salud- hasta económicos –el déficit presupuestario y la política fiscal-, Romney ha mantenido posiciones cambiantes que según expertos se acomodan a su audiencia y a la conveniencia del momento político.
 
Cuando el candidato republicano asumió posturas moderadas durante el primer debate presidencial frente a Barack Obama, alejándose de la idea de dar recortes de impuestos a los ricos, el expresidente Bill Clinton no pudo contener la ironía ante un grupo de demócratas.
 
“Pensé: ¡Wow! Aquí está Mitt el viejo moderado ¿Dónde has estado chamaco, te he extrañado todos estos años”, remató el exmandatario ante el estallido de risa de su audiencia.
 
Como gobernador de Massachusetts, un estado de la más pura tradición liberal del noreste, Romney cortejó el bipartidismo y dio luz a una reforma del sistema de salud progresista, que fue inspiración para la iniciativa federal en la misma área del demócrata Barack Obama.
 
Pero en la campaña presidencial, Romney colocó al llamado “Obamacare” como el anatema del modo de vida estadunidense y prometió su abrogación como uno de sus primeros actos como presidente, aún cuando en público reconoció estar de acuerdo con varias de sus disposiciones.
 
En migración, Romney acuñó en la pre-campaña el polémico término de la “auto-deportación”, calificó a la ley SB 1070 de Arizona como un “modelo” nacional, ofreció vetar la llamada Ley Dream de llegar a la Presidencia y fustigó al texano Rick Perry por ayudar a estudiantes indocumentados.
 
Su endurecimiento en materia migratoria fue visto como un guiño a los personeros del ultraconservador Partido del Té: un requisito para acreditar sus credenciales derechistas y ganar la nominación de un Partido Republicano rehén de su ala más extrema.
 
Pero ante el deterioro de su popularidad entre los hispanos, Romney se distanció de sus posiciones duras y dijo que respetaría el programa de Acción Diferida –aprobado por Obama ante el fracaso de la Ley Dream, además de una versión de ésta para quienes se enrolen en el ejército.
 
Tampoco dudó en reclutar los servicios de su hijo Craig -el único de sus vástagos que habla español a raíz de trabajo social en Chile— para exaltar sus raíces mexicanas, aunque antes Rommey había declarado a Univisión que no se sentía mexicano.
 
Asimismo, el propio presidente Obama espetó en su cara a Romney que dejó de ser promotor de un mayor control de las armas de fuego cuando consideró necesario el apoyo de la Asociación Nacional del Rifle (NRA). La respuesta de Romney fue el silencio.
 
Su viraje a posturas centristas durante la campaña general, una vez amarrada la nominación republicana, fue nuevamente vista como un natural acomodamiento político para buscar el apoyo de los independientes.
 
Pero el arte de la ambigüedad de Romney generó entre los electores dudas sobre su identidad política e interrogantes sobre cuál de los Romney ocuparía la Casa Blanca en caso de ganar las elecciones de este martes 6 de noviembre.
 
Cuando el influyente semanario The Economist decidió endosar su apoyo este fin de semana al presidente Obama y no a Romney, lo hizo bajo el argumento de que no podía descifrar al candidato republicano.
 
¿Puede Estados Unidos realmente confiar en él siempre cambiante Mitt Romney de que podrá hacer un mejor trabajo? Sobre esa base, el demócrata Obama merece ser reelecto”, concluyó el semanario.
 
No fue casual que Obama utilizara en sus más recientes actos de campaña una frase recurrente que, sin mencionar directamente a Romney, es un claro recordatorio a las posiciones mudables del exgobernador: “Yo si soy consistente con lo que digo”.
 
De ganar la Casa Blanca, Romney se convertiría en el primer presidente mormón en la historia de Estados Unidos, aunque su religión ha sido menos tema de campaña que la valoración de su carácter y de su riqueza personal.
 
Sus detractores lo pintan como un político elitista, ajeno a las vicisitudes diarias de la clase trabajadora.
 
Fue el mismo Romney quien abonó a la controversia cuando sugirió que la manera en que alguien podía ir a la universidad era pedir dinero prestado a sus padres o cuando describió ante sus aliados ricos al 47 por ciento de la población como dependientes del gobierno.
 
Aunque la Convención Republicana fue diseñada para humanizar a Romney y presentarlo como un hombre sensible ante los más necesitados, es evidente que el mensaje no prendió ente los más pobres, en especial los miembros de las minorías afroestadunidense e hispana.
  Romney llega así al 6 de noviembre con el apoyo de los hombres anglos sureños, mientras que Obama goza aún de una porción del respaldo de las mujeres, las minorías y los jóvenes, en una votación que pende del entusiasmo de estos sectores en elegir a su favorito.

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