El Anzuelo...
El problema es que ni batea, ni cacha ni deja batear... así es imposible
por El Fisgón
Desde 2001, Emita, como la conocen las integrantes de esta caravana, sigue siendo parte del movimiento a pesar de que ya no busca a su hija
Tultitlán,
México (Notimex).- Sin
importar el cansancio, a sus 76 años de edad, la hondureña Ema, quien participa
en la Caravana de madres centroamericanas de hijos de migrantes, dice que es un
claro ejemplo de la esperanza de este movimiento porque hace dos años ella
encontró a su hija tras 20 años de no saber de ella.
Desde 2001, Emita, como la
conocen las integrantes de esta caravana, sigue siendo parte del movimiento a
pesar de que ya no busca a su hija, en el 2010 durante su recorrido por la
ciudad de México acudió a la Basílica de Guadalupe, pidió a la Virgen una señal
de que su lucha por encontrar a su hija no era en vano y que la esperanza
existe.
Con un rosario en la mano,
cansada de varios días de caravana por diversos estados de la República, parada
frente a las vías del tren en Lechería Tultitlán, relató que en el 2010, “el 6
de noviembre fue cuando encontré a mi hija, después de 20 años que salió de
Honduras, cansada de la pobreza y las injusticias que vivíamos junto con sus
hermanos, decidió emprender el sueño americano y no supe más de ella.
“Aquel día maravilloso, salí de
la Basílica llena de fe, y mis compañeras me dijeron vámonos a la casa del
migrantes del San Juan Diego, te tenemos una sorpresa, de momento no supe que
pasaba Y después la felicidad lleno todo mi ser, el encuentro con mi hija,
dice.
Recuerda que tras abrazos, besos
y lágrimas, su hija “Ada Marlen no estaba muerta, no logró el sueño americano
porque no pudo pasar de México, todos estos años se quedó en la ciudad de
México”.
Agregó que “ante diversos
problemas que enfrentó, situaciones que pusieron en riesgo su vida, ella
decidió quedarse en la ciudad de México, pero por temor a que la regresaran no
llamaba, afortunadamente encontró uno y otro trabajo, salió adelante y hasta
encontró una pareja”.
“Aquel día maravilloso, fue una
realidad, porque su marido nos vio en las noticias en la caravana, vio como
traía colgada de mi cuello la foto de Ada, fue maravilloso no sólo recupere a
mi hija, sino también conocí al hombre que la ayudó y a mis dos nietos”,
señaló.
Doña Ema dice que la tranquilidad
regreso a su vida, ya no le faltaba uno de sus hijos, con ella en Honduras
viven tres.
Tiene otra hija que emprendió la
ida a Estados Unidos junto con Ada Marlen, si llego a su destino, vive en
Carolina del Norte, está casada y tiene tres hijos.
Por ello, la demanda de respeto a
los migrantes sigue siendo su lucha, además de ser solidaria con quienes no han
tenido la misma suerte en la caravana y siguen en busca de sus hijos.
“Yo sigo en la caravana porque es
mi compromiso, yo sentí el mismo dolor que estas madres aún sienten, yo lo viví
por 20 años en carne propia y por esa razón sigo apoyando a mis compañeras y
todos los años”, comentó.
Expresó que “seguiré participando en la caravana
de la búsqueda de todos los que han salido de nuestros países y no sabemos de
ellos, yo soy una madre que ya encontré a mi hija por mi esperanza y en su
momento todas me apoyaron, ahora soy como la luz, el ejemplo de que si podemos
encontrarlos”.
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