El Anzuelo...
Y ha de andar brincando en un cuerno de contento
por El Fisgón
Por: Juan Sánchez-Mendoza
En catorce entidades de la República
Mexicana habrá elecciones el siete de julio del 2013.
Y aunque sólo en Baja California se
elegirá gobernador, importantes también resultan los procesos que iniciarán en
la tercera semana de este mes para ponerse en juego 475 curules locales (ó 13
congresos) y 1,348 ayuntamientos (más de la mitad de los que existen en el
país).
Actualmente el Partido Acción Nacional
(PAN) gobierna tres de esos estados (BC, Puebla y Sinaloa), uno el Movimiento
Ciudadano (Oaxaca), y diez el Partido Revolucionario Institucional: Aguascalientes,
Chihuahua, Coahuila, Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas (claro),
Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas.
En la elección presidencial del uno de
julio próximo pasado, Enrique Peña Nieto ganó los comicios en nueve de las
entidades; Andrés Manuel López Obrador en cuatro y Josefina Eugenia Vázquez
Mota, en una.
Con respecto a la contienda para
designar senadores (por el camino de mayoría relativa), el membrete albiceleste
adquirió el triunfo en cuatro estados –de los 14 que sirven de referencia para
el análisis--, y en dos la alianza PRD-PT-MC, mientras que el PRI, solo, se
adjudicó cuatro, y una cifra igual coaligado con la organización ecologista.
Esto me hace suponer que en los procesos
electorales que ya están por iniciar, podría repetirse la historia de las
alianzas, aunque esta vez sí podría involucrarse el membrete magisterial, pues
visto está que jugando con candidatos propios las opciones de triunfo se
aminoran.
Igual ocurre con los partidos
considerados de izquierda. Y hasta con Acción Nacional, pues el dominio priista
en esas catorce entidades nadie puede negarlo y menos la influencia que en cada
estado pudiera generar Enrique Peña Nieto ya como Presidente Constitucional de
México.
Atención partidista
La presencia de Pedro Joaquín Coldwell
en Tamaulipas tiene mucho qué ver con el proceso electoral que se avecina.
Sobre todo si consideramos que es la
primera gira que en su calidad de presidente del Comité Ejecutivo Nacional
(CEN) priista realiza de cara a las estructuras partidistas, que están a punto
de encarar una contienda harto importante para conservar la supremacía tricolor
en estas latitudes.
Él viene, según lo divulgado por el
Comité Directivo Estatal (CDE) --a cargo de Ramiro Ramos Salinas--, para
tomarle la protesta al renovado Consejo Político (doméstico), pero advierto que
también a refrendarle un llamado para procurar la unidad, pues visto está que
solo juntos, jerarcas partidistas y las bases, es posible transitar rumo al
éxito.
Por la sensibilidad política que lo
caracteriza, sé que Pedro Joaquín ningún reclamo haría a la estructura priista
por los resultados electorales del proceso (federal) anterior –pese a contar
con informes privilegiados--, pues hoy su interés inmediato es que el PRI
conserve en Tamaulipas los espacios ganados a ley, y los multiplique, en la
elección del siete de julio del 2013.
El encuentro con el dirigente nacional
priista por cierto, será mañana en el Polyforum Victoria, a eso de las quince
horas.
Gira fructífera
Ramiro Ramos Salinas, desde que es
dirigente estatal del PRI, anda por toda la geografía estatal reuniéndose con
las estructuras municipales y refrendando que antes de hablar de candidaturas
es menester procurar el fortalecimiento del partido.
En la frontera con la Unión Americana,
acá en el centro del estado y en el sur de la entidad, una y otra vez lo ha
expresado --de frente a todos y cada uno de los acelerados y los grupos de
interés locales--, por lo que a nadie debe extrañar su perorata.
De buena fuente sé que en su gira al dirigente
partidista han querido presionarlo para que suelte prenda sobre las
candidaturas, pero nada en concreto han sacado porque cierto es que él aún no
ninguna prisa tiene por abordar el tema.
Esto habla bien de Ramiro.
Sobre todo cuando su gira ha sido
fructífera para procurar la unidad priista y, por ende, el fortalecimiento
institucional.
De cualquier forma no hay que estar al
tanto de la grilla municipal.
Y lo anterior me lleva a recodarle lo
siguiente:
Cacicazgos anacrónicos
Los viejos caciques, cuya decadencia se
percibe cotidianamente en el campo, los sindicatos y partidos políticos, no
tienen mucho qué ofrecer ya a los aspirantes a cargos de elección que, a través
del voto buscarían ir en pos de las candidaturas a diputados locales y alcaldes.
Sin embargo los aspirantes hacen como
que les creen, mientras que los otrora amos y señores de las comarcas se ven
ridículos pontificando, pues para nadie es un secreto que en la actualidad
carecen de influencia política.
Además su voto es unipersonal y hasta
son incapaces de manipular siquiera a los integrantes de sus propias familias,
como lo demuestra el hecho de que en un mismo clan haya simpatizantes de
diversos partidos.
Usted seguramente fue testigo, le
informaron o simple y llanamente lo sabe de oídas, que antaño las candidaturas
a presidentes municipales y diputados locales se otorgaban en exclusiva (a
quienes recomendaban los caciques de la región), porque era la única forma de
garantizar el triunfo.
Y es que ellos manipulaban el voto de
los pueblos y hasta alentaban el relleno de urnas, financiaban candidaturas,
obstaculizaban otras amén controlar a funcionarios de los órganos electorales,
ordenaban el robo de ánforas cuando sentían que el escrutinio les sería adverso
a su causa y amenazaban a sus opositores; le exigían a los presbíteros que
desde su púlpito indujeran el voto, ponían y quitaban candidatos y hasta se
daban el lujo de administrar los recursos públicos sin que otros
“representantes populares”, apadrinados por ellos, osaran oponerse.
Ese viejo cacicazgo, si bien es
discutible que en otra época cumplió una función, hoy está casi desaparecido.
Pero los que aún creer ejercer
cacicazgos no lo entienden así, y por eso se muestran irreverentes antes los
políticos más jóvenes que ellos, quienes les dan coba para no pelear y hacen
como que los necesitan en su aspiración inmediata, cuando el fondo lo único que
les provocan es tanta pena como diversión, pues sabido es que el tiempo no
perdona y a muchos de los viejos caciques ya se les van las cabras, como ha
quedado demostrado en toda la geografía estatal.
Incluso, en cualquier manifestación,
mitin, reunión, encuentro, asamblea o como les llamen a las acciones
proselitistas en cada caso, regularmente asisten varios caciques en decadencia
–disfrazando su piel de lobo con una de oveja, y haciéndose llamar clase
política--, para dizque avalar al precandidato en turno.
Desde su llegada al recinto donde se
realiza la actividad política, el cacique en decadencia recibe atención
especial, se le cita públicamente, se le aplaude –eso sí, con mucha
“efusividad”--, pero en cuanto se va los comentarios que se vierten sobre su
figura son de desprecio y pena, pero con harto disimulo.
Incluso sé que los políticos modernos
poco los toman en cuenta por saber que los caciques ya nada representan y que
su aportación en el terreno político-electoral vale tanto como la de cualquier
otro simpatizante. O sea, un voto.
Esta reflexión surge tras observar que
en el campo todavía se dan intentos de cacicazgos y que éstos se fincan en el
hecho de que los dueños del teléfono rural, que también son dueños de la
tierra, el ganado, las parcelas, los solares, la tienda, la cantina, la
veterinaria, el depósito de cerveza y otros negocios, creen que igual pueden
decidir por sus semejantes en el terreno político-electoral.
Pero están equivocados, ya que los
caciques, desde hace muchos años, dejaron de ser sustento del triunfo priista.
¿O no es así?, le pregunto a Pedro
Joaquín Coldwell.
E-m@il: jusam_gg@hotmail.com
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