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por El Fisgón

Hoy es Sabado 25 de Mayo del 2013
Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Influencia tricolor

Por: Juan Sánchez-Mendoza

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04/10/2012 | Actualizada a las 22:41h
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo por más de tres décadas; es autor del libro “68. Tiempo de hablar” (que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); Premio Estatal de periodismo en dos ocasiones; escritor de los ensayos “Yo, chavo banda”, “50 años de sucesión presidencial” y “El avance de la ultraderecha en México”; reportero de investigación en medios impresos de comunicación masiva, desarrollando trabajos en toda la República Mexicana, Irlanda, Francia, Inglaterra, España, Estados Unidos, El Salvador, Guatemala, Cuba, Nicaragua, Jamaica y otros países, y desde 1997 radica en Tamaulipas, donde publica la columna “Golpe a golpe”, cuyo título rescata la vieja práctica de que cada letra significa, precisamente, un golpe… y no un impacto físico.


En catorce entidades de la República Mexicana habrá elecciones el siete de julio del 2013.
 
Y aunque sólo en Baja California se elegirá gobernador, importantes también resultan los procesos que iniciarán en la tercera semana de este mes para ponerse en juego 475 curules locales (ó 13 congresos) y 1,348 ayuntamientos (más de la mitad de los que existen en el país).
 
Actualmente el Partido Acción Nacional (PAN) gobierna tres de esos estados (BC, Puebla y Sinaloa), uno el Movimiento Ciudadano (Oaxaca), y diez el Partido Revolucionario Institucional: Aguascalientes, Chihuahua, Coahuila, Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas (claro), Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas.
 
En la elección presidencial del uno de julio próximo pasado, Enrique Peña Nieto ganó los comicios en nueve de las entidades; Andrés Manuel López Obrador en cuatro y Josefina Eugenia Vázquez Mota, en una.
 
Con respecto a la contienda para designar senadores (por el camino de mayoría relativa), el membrete albiceleste adquirió el triunfo en cuatro estados –de los 14 que sirven de referencia para el análisis--, y en dos la alianza PRD-PT-MC, mientras que el PRI, solo, se adjudicó cuatro, y una cifra igual coaligado con la organización ecologista.
 
Esto me hace suponer que en los procesos electorales que ya están por iniciar, podría repetirse la historia de las alianzas, aunque esta vez sí podría involucrarse el membrete magisterial, pues visto está que jugando con candidatos propios las opciones de triunfo se aminoran.
 
Igual ocurre con los partidos considerados de izquierda. Y hasta con Acción Nacional, pues el dominio priista en esas catorce entidades nadie puede negarlo y menos la influencia que en cada estado pudiera generar Enrique Peña Nieto ya como Presidente Constitucional de México.
 
Atención partidista
 
La presencia de Pedro Joaquín Coldwell en Tamaulipas tiene mucho qué ver con el proceso electoral que se avecina.
 
Sobre todo si consideramos que es la primera gira que en su calidad de presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) priista realiza de cara a las estructuras partidistas, que están a punto de encarar una contienda harto importante para conservar la supremacía tricolor en estas latitudes.
 
Él viene, según lo divulgado por el Comité Directivo Estatal (CDE) --a cargo de Ramiro Ramos Salinas--, para tomarle la protesta al renovado Consejo Político (doméstico), pero advierto que también a refrendarle un llamado para procurar la unidad, pues visto está que solo juntos, jerarcas partidistas y las bases, es posible transitar rumo al éxito.
 
Por  la sensibilidad política que lo caracteriza, sé que Pedro Joaquín ningún reclamo haría a la estructura priista por los resultados electorales del proceso (federal) anterior –pese a contar con informes privilegiados--, pues hoy su interés inmediato es que el PRI conserve en Tamaulipas los espacios ganados a ley, y los multiplique, en la elección del siete de julio del 2013.
 
El encuentro con el dirigente nacional priista por cierto, será mañana en el Polyforum Victoria, a eso de las quince horas.
 
Gira fructífera
 
Ramiro Ramos Salinas, desde que es dirigente estatal del PRI, anda por toda la geografía estatal reuniéndose con las estructuras municipales y refrendando que antes de hablar de candidaturas es menester procurar el fortalecimiento del partido.
 
En la frontera con la Unión Americana, acá en el centro del estado y en el sur de la entidad, una y otra vez lo ha expresado --de frente a todos y cada uno de los acelerados y los grupos de interés locales--, por lo que a nadie debe extrañar su perorata.
 
De buena fuente sé que en su gira al dirigente partidista han querido presionarlo para que suelte prenda sobre las candidaturas, pero nada en concreto han sacado porque cierto es que él aún no ninguna prisa tiene por abordar el tema.
 
Esto habla bien de Ramiro.
 
Sobre todo cuando su gira ha sido fructífera para procurar la unidad priista y, por ende, el fortalecimiento institucional.
 
De cualquier forma no hay que estar al tanto de la grilla municipal.
 
Y lo anterior me lleva a recodarle lo siguiente:
 
Cacicazgos anacrónicos
 
Los viejos caciques, cuya decadencia se percibe cotidianamente en el campo, los sindicatos y partidos políticos, no tienen mucho qué ofrecer ya a los aspirantes a cargos de elección que, a través del voto buscarían ir en pos de las candidaturas a diputados locales y alcaldes.
 
Sin embargo los aspirantes hacen como que les creen, mientras que los otrora amos y señores de las comarcas se ven ridículos pontificando, pues para nadie es un secreto que en la actualidad carecen de influencia política.
 
Además su voto es unipersonal y hasta son incapaces de manipular siquiera a los integrantes de sus propias familias, como lo demuestra el hecho de que en un mismo clan haya simpatizantes de diversos partidos.
 
Usted seguramente fue testigo, le informaron o simple y llanamente lo sabe de oídas, que antaño las candidaturas a presidentes municipales y diputados locales se otorgaban en exclusiva (a quienes recomendaban los caciques de la región), porque era la única forma de garantizar el triunfo.
 
Y es que ellos manipulaban el voto de los pueblos y hasta alentaban el relleno de urnas, financiaban candidaturas, obstaculizaban otras amén controlar a funcionarios de los órganos electorales, ordenaban el robo de ánforas cuando sentían que el escrutinio les sería adverso a su causa y amenazaban a sus opositores; le exigían a los presbíteros que desde su púlpito indujeran el voto, ponían y quitaban candidatos y hasta se daban el lujo de administrar los recursos públicos sin que otros “representantes populares”, apadrinados por ellos, osaran oponerse.
 
Ese viejo cacicazgo, si bien es discutible que en otra época cumplió una función, hoy está casi desaparecido.
 
Pero los que aún creer ejercer cacicazgos no lo entienden así, y por eso se muestran irreverentes antes los políticos más jóvenes que ellos, quienes les dan coba para no pelear y hacen como que los necesitan en su aspiración inmediata, cuando el fondo lo único que les provocan es tanta pena como diversión, pues sabido es que el tiempo no perdona y a muchos de los viejos caciques ya se les van las cabras, como ha quedado demostrado en toda la geografía estatal.
 
Incluso, en cualquier manifestación, mitin, reunión, encuentro, asamblea o como les llamen a las acciones proselitistas en cada caso, regularmente asisten varios caciques en decadencia –disfrazando su piel de lobo con una de oveja, y haciéndose llamar clase política--, para dizque avalar al precandidato en turno.
 
Desde su llegada al recinto donde se realiza la actividad política, el cacique en decadencia recibe atención especial, se le cita públicamente, se le aplaude –eso sí, con mucha “efusividad”--, pero en cuanto se va los comentarios que se vierten sobre su figura son de desprecio y pena, pero con harto disimulo.
 
Incluso sé que los políticos modernos poco los toman en cuenta por saber que los caciques ya nada representan y que su aportación en el terreno político-electoral vale tanto como la de cualquier otro simpatizante. O sea, un voto.
 
Esta reflexión surge tras observar que en el campo todavía se dan intentos de cacicazgos y que éstos se fincan en el hecho de que los dueños del teléfono rural, que también son dueños de la tierra, el ganado, las parcelas, los solares, la tienda, la cantina, la veterinaria, el depósito de cerveza y otros negocios, creen que igual pueden decidir por sus semejantes en el terreno político-electoral.
 
Pero están equivocados, ya que los caciques, desde hace muchos años, dejaron de ser sustento del triunfo priista.
 
¿O no es así?, le pregunto a Pedro Joaquín Coldwell.
 
E-m@il: jusam_gg@hotmail.com

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