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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

La despedida

Por: Juan Sánchez-Mendoza

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02/09/2012 | Actualizada a las 22:22h
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo por más de tres décadas; es autor del libro “68. Tiempo de hablar” (que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); Premio Estatal de periodismo en dos ocasiones; escritor de los ensayos “Yo, chavo banda”, “50 años de sucesión presidencial” y “El avance de la ultraderecha en México”; reportero de investigación en medios impresos de comunicación masiva, desarrollando trabajos en toda la República Mexicana, Irlanda, Francia, Inglaterra, España, Estados Unidos, El Salvador, Guatemala, Cuba, Nicaragua, Jamaica y otros países, y desde 1997 radica en Tamaulipas, donde publica la columna “Golpe a golpe”, cuyo título rescata la vieja práctica de que cada letra significa, precisamente, un golpe… y no un impacto físico.


Hoy, en Palacio Nacional, Felipe Calderón Hinojosa hará un recuento del quehacer político-administrativo por él realizado en éste su último año de ejercicio constitucional y dará un mensaje a la nación.
 
Cosa que no hizo el 1 de septiembre cuando por ley estuvo obligado a entregar por escrito el documento al Congreso de la Unión –enviándolo con Alejandro Poiré Romero--, por el desprecio que siempre ha mostrado a los legisladores federales, aun cuando en el pasado fue uno de ellos.
 
De cualquier forma este día, en que prácticamente dice adiós a todo México, la pena vale recordar que, al asumir la jefatura del Ejecutivo –el uno de diciembre de 2006--, en medio de fuerte escándalo en el Palacio Legislativo de San Lázaro, Felipe Calderón Hinojosa se comprometió a  que México no tendría más problemas económicos; que la pobreza sería erradicada; la crisis, vencida; y que el país recobraría la capacidad de un auténtico desarrollo nacional.
 
Pero no cumplió. Primero porque su política económica empujó a México a la peor crisis de su historia; y luego porque ésta genera tal pobreza que ahora hay más de 60 millones de mexicanos afectados y la pérdida del 70 por ciento del poder adquisitivo la padece el grueso de la población.
 
Caro han pagado los cerca de 15 millones de compatriotas que votaron por el Partido Acción Nacional (PAN) el 2 de julio del año 2006 –y también los más de 25 millones que sufragamos por otros partidos--, ya que el dogma de Calderón Hinojosa de tener un país de primer mundo, sólo existía en su mente.
 
Con hechos que de ningún modo generaron progreso, la Nación ha servido de laboratorio al mentado “Hijo desobediente” para experimentar en materia política, económica y social, pues lo mismo agudizó conflictos hacia el interior de su gabinete que el enriquecimiento de un reducido grupo de inversionistas.
 
Con esto, el todavía señor de Los Pinos rebasa en mucho a Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo, Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León y Vicente Fox Quesada, cuando menos, quienes igual que él instrumentaron una versión moderna del pasado: la del porfiriato.
 
Excesos
 
La asignatura más importante para Felipe Calderón Hinojosa, desde el inicio de su administración, fue (y es) la lucha contra la delincuencia organizada, que ha dejado miles de muertos a lo largo y ancho del país y mantiene aterrorizada a la población.
 
Incluso, cuando presume que su gobierno le va ganando la batalla a los transgresores de la ley, el jefe del Ejecutivo Federal ha dicho que no descasará hasta reinstaurar l seguridad pública en México.
 
Pero más que eso al Estado, Felipe se ha excedido en el  uso del poder que le confiere la Carta Magna al Presidente de la República, por lo que su guerra empieza a ser reprobada por todos los sectores.
 
Con su gobierno también fue fortalecida la era de los tecnócratas que llegaron al poder con Miguel de la Madrid Hurtado, para desplazar a la vieja clase política y nacionalista.
 
Ya lo había dicho José López Portillo en su libro “Mis tiempos”, en el que comentaba que él había sido el último Presidente de la Revolución.
 
Por tanto, lejos de todo concepto nacionalista, Calderón Hinojosa ha reimplantado el neoliberalismo, proyecto similar al liberalismo social que impulsó a inicios de este siglo Porfirio Díaz, y que provocó la Revolución de 1910.
 
Este modelo ha cobrado altos costos sociales en diversos países de América Latina, como Chile, Venezuela, Argentina y Perú.
 
Con todo, a tres meses de abandonar por completo el cargo, el Presidente sigue los pasos de Porfirio Díaz, tomando en cuenta lo que el historiador Enrique Krause ha dicho:
 
“Vivimos todavía lo que Vasconcelos llamó el ‘porfirismo colectivo’. El Ejecutivo continúa ocupando el sitio omnímodo y ubicuo de don Porfirio.
 
“Díaz terminó por declarar que el día había llegado, que la Nación estaba lista para su vida definitiva de libertad, pero era de dientes para afuera. En el fondo quería permanecer y morir en la silla.
 
“Cualquier parecido con el sistema político actual no es meramente casual, es históricamente documentaba. Salvadas las diferencias de tiempo, la sustancia política entre estos dos regímenes ha sido la misma: la concentración del poder”.
 
En efecto, al igual que Porfirio Díaz, Felipe Calderón Hinojosa llegó a la Presidencia de la República por todo; y en el poco tiempo que resta a su administración, aún pretende mostrar al extranjero un México muy distinto al que es en realidad, pues, según él, aquí prevalecen la estabilidad, la modernidad y la paz social.
 
Sin embargo, desde el inicio mismo de su gobierno, diversos hechos han demostrado lo contrario.
 
La otra cara de la moneda.
 
Inoperante
 
La administración presidencial de Felipe Calderón Hinojosa, hasta hoy, inclusive --cuando está por anunciarse la virtual bancarrota que sufre México--, ha estado marcada por la ineficacia e ineficiencia que la vuelven inoperante.
 
Y él, conforme transcurre el tiempo, se aleja más y más del pueblo, porque sólo de esta forma podrá evitar la crítica directa por sólo haber cumplido los compromisos contraídos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los dueños del dinero, que son quienes en realidad aún mandan y deciden qué hacer en Palacio Nacional.
 
Sin embargo, con esta su actitud, el inquilino de Los Pinos está más que equivocado, porque no toma en cuenta que si bien los pueblos gobiernan a los gobernantes, los intereses gobiernan a los pueblos; que con las voluntades mayoritarias y los intereses predominantes se puede seguir revolucionando a la sociedad mexicana, y que adulterar la decisión del pueblo es tan malo como adulterar los alimentos del pueblo.
 
Bajo este entendido, creo bien vale la pena recordarle a Felipe que el porfirismo cayó porque había lo que él suponía que no existía: pueblo.
 
Que hubo pueblo en las masas que lograron conciliar intereses para luchar por la Independencia; que hubo pueblo para resistir a las invasiones externas; que fue el pueblo el que hizo que México resurgiera frente a la intervención; y que ese mismo pueblo, al que Calderón Hinojosa desprecia, fue quien lo llevó a la Presidencia de la República y hoy se lamenta por ese craso error.
 
Quién falló
 
Por tanto, debemos entender que el pueblo de México nunca se ha equivocado. Nunca ha fallado. Se han equivocado y han fallado sus gobernantes. Pero no el pueblo. Y basta obedecer al pueblo para que se pueda seguir adelante, o fracasar, como ahora bien debe saberlo el jefe del Ejecutivo Federal.
 
El pueblo es dueño absoluto de la palabra; y sólo con su mano es posible construir. Nuestro pueblo es bronco, y bravo cuando es preciso; pero también sabe ser sosegado y hasta dulce cuando en ello va la convivencia; sabe buscar la armonía y no la diferencia, la coincidencia en lo sustancial para evitar el encono en lo secundario.
 
La intriga
 
Cuando el receptor de la crítica tiene el cuero muy delgado, se deja engatusar fácilmente por entes perversos y manipuladores, sin entender que el juego sucio de la política es la mejor escuela para aprender a tragar alimañas sin hacer gestos.
 
Esta misma semana quedarían desempleados otros estrategas de la anterior campaña priista –incrustados en Palacio--, aun cuando haya asesores que traten de hacer creer al jefe político estatal que la prensa abonó al fracaso, en lugar de admitir su responsabilidad en la derrota por llevar y traer chismes.
 
Em@il: jusam_gg@hotmail.com

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