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Hoy que mucho se habla de la inseguridad y de que cada vez son de menor edad los “guardias” contratados por aquellos...
Por: Jorge Pérez González
Hoy que
mucho se habla de la inseguridad y de que cada vez son de menor edad los
“guardias” contratados por aquellos que gozan de infringir en forma organizada
las leyes, es justo hacer una reflexión.
La culpa
se distribuye en forma equitativa entre los gobernados y los gobernantes, esto
no tiene vuelta de hoja, pues desde las altas esferas del poder se olvidaron de
su compromiso social y atendieron exclusivamente las exigencias de la clase
empresarial que más bien se debería de llamar “clase mercantil”.
Porque lo
pienso así, pues simplemente porque el salario mínimo como ley, no resuelve en absoluto las posibilidades de
crecimiento intelectual de la clase trabajadora.
¿Por qué?
Pues porque el salario mínimo solo les permite vivir, pero nunca progresar. ¿Por
qué? Pues porque el salario mínimo nos remonta a las épocas de la explotación
del hombre por el hombre y cada día más empresas se suman al otorgamiento de
beneficios directos extraídos de su propia bodega, los cual nos acerca
irremediablemente a la famosa “Tienda de Raya”.
La falta
de educación de las clases populares, oscurece el panorama a futuro, el
abandono de los estudios lleva a las clases marginadas a buscar beneficios tangibles
que se traducen en un mejor ingreso para sus familias, independientemente de
donde lo consigue y si a esto le aunamos una displicencia en cuanto al respeto
a las reglas morales, entonces se convierten en caldo de cultivo para aquellos
que requieren de carne de cañón.
Sé que
habrá gente que piense que esta forma de pensar se acerca peligrosamente al
socialismo y se aleja definitivamente del capitalismo, pero contrario a esos
pensamientos debemos de poner en práctica los mecanismos que permitan a la
sociedad salir adelante y romper poco a poco la brecha tan enorme que existe
entre unos pocos que tienen mucho y otros muchos que tienen muy poco.
No
hacerlo así, acerca a nuestra sociedad a una explosión.
La
educación es la única salida a este negro panorama, y aquí no es
responsabilidad exclusiva de la clase gobernante, pues las organizaciones
empresariales deben de aceptar por principio de cuentas su compromiso real para
garantizar su seguridad a futuro.
Si el tema
de las becas se convierte en agenda empresarial, tal vez se avizore a futuro
una salida a la dramática situación de quienes menos tienen, y tal vez, solo
tal vez, esta salida permita a las nuevas generaciones rechazar las ofertas que
ponen en riesgo su salud y su vida.
Ojalá
emergiera desde el sector empresarial, alguien que visualizara más allá del
último renglón de su estado de resultados y que se atreviera a proponer un
cambio real que bien pudiera concretarse en cambiar el SALARIO MÍNIMO POR
SALARIO JUSTO.
jap19982002@yahoo.com.mx
Columna exclusiva de HoyTamaulipas, prohibida su
reproducción
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